
Reverenda Claudia y Dr. Timothy Emerick,
Misioneros de la Cruz
1 Corintios 1:18.
No te rindas; ¡Dios no lo ha hecho!
Estoy convencido y seguro de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo [hasta su regreso], desarrollándola y llevándola a su plenitud en ustede. Filipenses 1:6 (AMP)
A veces nos hartamos tanto de nosotros mismos que queremos rendirnos. Nos prometemos a nosotros mismos que vamos a bajar de peso, dejar de fumar, dejar de beber, hacer ejercicio, controlar nuestro temperamento, dejar de hablar mal de los demás, dejar de ser celosos o controladores, orar más y leer más las Escrituras; sin embargo, fracasamos estrepitosamente. Cuanto más lo intentamos, más nos desanimamos al no lograrlo.
En cierto modo, esta lucha es algo bueno, porque si pudiéramos arreglarnos por completo solos, no necesitaríamos a Dios. Dios ha hecho una promesa trascendental: Él terminará la obra que comenzó en nosotros, siempre y cuando permanezcamos abiertos y receptivos a Él.
Dios obra en nuestras vidas de muchas maneras para moldearnos a su imagen y semejanza. Cuando pedimos paciencia, Dios puede traer a nuestra vida a una persona difícil a quien amar. Cuando luchamos contra los celos o el deseo de control, Dios puede ponernos en situaciones que hagan aflorar esas emociones para que podamos reconocerlas, arrepentirnos y pedirle ayuda. A menudo, Dios también nos trae a un amigo de confianza —alguien que está pasando por lo mismo— que puede ayudarnos a identificar las áreas en las que tenemos dificultades. Las Escrituras nos dicen que, como el hierro afila el hierro, así una persona afila a otra.
Con el paso de los años, sé que el Señor me ha transformado. Aún no soy la persona que quiero ser, pero ya no soy la persona que era antes. He aprendido que no soy una sorpresa para Dios. Cuando fallo o me quedo corta, no le sorprende. Dios sabía exactamente quién era yo y cuáles serían mis dificultades cuando me creó.
Dios no está decepcionado contigo, porque eres su obra maestra en formación. Nada puede cambiar el amor que siente por ti. No importa cuántas veces falles, Dios está ahí para levantarte. Siempre estará contigo, porque te creó, y seguirá perfeccionándote poco a poco con el tiempo. Alégrate por lo que Dios ya ha hecho en ti y por lo que seguirá haciendo.
