¡Él vino a Servir!

¡Él vino a Servir!
Así como el Hijo del Hombre no vino para que lo esperaran, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos [el precio pagado para liberarlos]. Mateo 20:28; (AMP)

Qué extraño es este concepto para el hombre moderno. Queremos ser servidos, y con excelencia. Esta es la mentalidad del mundo. Todos estamos obsesionados con nuestros derechos. Exigimos nuestros derechos. Y si no nos salimos con la nuestra, nos enojamos y nos rebelamos. Sin embargo, no deberíamos ser así si amamos a Dios. Cristo vino a servir al hombre. Nos sanó, nos alimentó, nos lavó los pies, oró por nosotros y, finalmente, murió por nosotros. ¿Te imaginas que Dios se humillara para servir a la humanidad?
Cristo vino con una misión. Su misión era liberarnos de las ataduras del infierno aquí en la tierra y darnos libertad eterna en Él. La libertad tuvo un precio terrible. Cristo tuvo que morir en la cruz del Calvario para pagar una deuda. ¡Nuestra deuda! Pagó con su muerte para que pudiéramos tener una NUEVA VIDA en Él. No solo una renovación, sino un nuevo comienzo. No vino a fundar una iglesia ni una religión. Vino para que pudiéramos tener una relación directa con Dios Padre a través de Él. Lo demostró enseñándonos la verdadera manera de amar. Para amar como Dios, ponemos a los demás primero. Para amar como Dios, buscamos maneras de ayudar y reparar las heridas en la vida de las personas. El verdadero amor es sacrificial.
Cristo, al enfrentar su muerte en la cruz, ni siquiera se defendió. No se quejó. No dijo que fuera injusto. Sabía que Dios Padre tenía el control. Jesús sabía que no necesitaba protestar. Declaró que para esto vino (la cruz), para que tengamos vida abundante en él. Descansó en el amor de su Padre sabiendo que cumplió su misión en la tierra. La próxima vez que quieras luchar por tus derechos, piensa mejor en cómo podrías servir a alguien. ¡Que Cristo sea nuestro ejemplo, no el mundo!